lunes, 9 de mayo de 2016

Competencias del curso de formación

Las competencias a desarrollar por las personas drogodependientes en proceso de rehabilitación son las siguientes:

  1. Conocer los tipos de drogas (alcohol, tabaco, cocaína y marihuana) y sus efectos, para evitar su consumo de forma incorrecta, así como los posibles riesgos del consumo de estas drogas.
  2. Capacidad para reconocer los factores que indican que una persona es drogodependiente.
  3. Conocer los tres niveles de prevención del consumo de drogas: prevención universal, prevención selectiva y prevención indicada.
  4. Capacidad para reconocer y eliminar los factores de riesgo de la drogodependencia, y reconocer y potenciar los factores de protección contra la drogodependencia. 
  5. Ser capaz de llevar a cabo estrategias (autorregistros, informes autobiográficos de recaídas, fantasías de recaídas) para la prevención de recaídas en la drogodependencia.
  6. Ser capaz de llevar hábitos deportivos saludables y una dieta equilibrada, siendo consciente de la importancia de la salud.
  7. Promover la Inteligencia Emocional para favorecer el desarrollo de la autoconciencia, la motivación intrínseca y extrínseca, la empatía y la socialización.
  8. Capacidad de comunicar su propia experiencia como drogadicto para concienciar a la población acerca de los problemas del consumo de estas drogas.
  9. Ser capaz de enfrentarse a la situación de drogodependencia pidiendo ayuda y apoyo a su entorno más cercano. 

miércoles, 4 de mayo de 2016

¿Por qué hemos decidido hacer un plan de formación sobre este tema?

Como todos sabemos, el uso de drogas tiende a tener un gran impacto en la vida social de las personas drogodependientes que se ve reflejado según el grado de dependencia alcanzado, y de los recursos personales y sociales de los que disponen cada uno de ellos.

“En primer lugar, la adicción a las drogas suele estar asociada con una representación social en la que el usuario es situado como “diferente” con respecto a la norma y por lo tanto es excluido o marginado. En este sentido, el uso de drogas se traduce en una reducción de la calidad de vida del individuo en un sentido amplio, en donde se pierden gradualmente un lugar y un espacio dentro del entorno social (…). A ello hay que agregar la carencia o pérdida de habilidades sociales que tiene lugar cuando el inicio en el consumo ocurre en edades tempranas, contribuyendo así a agudizar el aislamiento” (Kury y Méndez, 2013).

También es importante tener en cuenta la falta de estructura que caracteriza la vida diaria de muchas de estas personas o el estilo de vida, el cual suele ser organizado casi por completo en torno a la adquisición y administración de las sustancias.

Todo esto refleja la complicada realidad a la que se enfrentan los drogodependientes cuando han desarrollado un estado importante de dependencia, y la necesidad de crear mecanismos que le permitan reinsertarse en su contexto, es decir, que le ayuden a reconstruir las redes sociales que se han visto dañadas por esta situación, de modo que pueda volver a ocupar un lugar en su entorno social y sea reconocido de nuevo.

Actualmente se financian, se escriben y se desarrollan muchos estudios acerca de la drogadicción. En algunos programas de televisión se pueden ver a personas adictas que son enviados a rehabilitación. Del mismo modo, existen personas del mundo de la ficción y gente de a pie que admiten que son adictos. Y los informes de las noticias hablan de las muertes de personas importantes y famosas, en las que las drogas en general parecen estar implicados.

Los gobiernos, los organismos internacionales y nacionales, y las organizaciones de caridad hablan sobre este problema y piden financiación. Cientos de millones de euros se gastan para intentar solucionar el problema. Sin embargo, hay un problema serio en medio de todo esto.

Tal y como señala Narconon, el asunto de la adicción no va a ninguna parte; no está mejorando. A pesar de todas las inversiones, el tratamiento no parece estar haciendo desaparecer muy rápidamente el problema.

Por estos motivos, creemos importante realizar un Plan de Formación entorno a este tema, ya que estas personas necesitan adquirir nuevos conocimientos, habilidades y actitudes para posteriormente saber cómo enfrentarse a su problema de drogadicción y/o a una posible recaída. También creemos que es muy importante trabajar la Inteligencia Emocional para que aprendan a controlar sus impulsos y las emociones negativas, y por tanto no recaigan. Si una persona cuenta con una Inteligencia Emocional segura y estable, no tendrá altibajos emocionales bruscos, aprenderán a aceptarse a sí mismos tal y como son, comprenderán, regularán, y controlarán sus emociones e impulsos. Al igual ocurre con las habilidades sociales, ya que muchos de ellos no logran poder mantener relaciones afectivas duraderas, verdaderas y positivas.

No ha parecido interesante dedicar un apartado de nuestro Plan de Formación a esta parte, ya que, si las personas con drogodependencia cuentan con un apoyo personal, emocional y social sólido y fuerte, no se encontrarán solos ante el huracán en el que se encuentran, y será más difícil que se dejen llevar por el “mono”, ya que sienten que pertenecen a un grupo específico, y tienen algo por lo que merece la pena seguir adelante, por muy complicado que sea el proceso.
Para finalizar con esta introducción, a continuación, adjuntamos un enlace que muestra un vídeo, donde aparece muy bien reflejada la verdadera cara o, mejor dicho, la realidad de las drogas:

https://youtu.be/0KL0py7i0nA

Bibliografía:

Kuri, S. E. R., y Méndez, L. D. N. (2013). REINSERCIÓN SOCIAL DE USUARIOS DE DROGAS EN REHABILITACIÓN. UNA REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 16(1), 172-196.